DESCANSO DIVINO
HEBREOS 4:1 Todavía sigue vigente la promesa que hizo Dios de entrar en su descanso; por lo tanto, debemos temblar de miedo ante la idea de que alguno de ustedes no llegue a alcanzarlo. 2 Pues esta buena noticia del descanso que Dios ha preparado se nos ha anunciado tanto a ellos como a nosotros. Pero a ellos no les sirvió de nada porque no tuvieron la fe de los que escucharon a Dios. 3 Pues sólo los que creemos podemos entrar en su descanso... 6 Así que, el descanso de Dios está disponible para que la gente entre, pero los primeros en oír esta buena noticia no entraron, porque desobedecieron a Dios.
En medio de un mundo agitado, lleno de presiones, exigencias y ansiedades, el Señor ofrece a todos sus seguidores algo que el mundo no puede dar: Él promete dar un descanso verdadero. Pero este descanso no es meramente físico ni circunstancial; es espiritual, profundo y eterno. Es el descanso que proviene de confiar plenamente en Dios. El descanso de Dios no es un lujo espiritual; es una necesidad del hombre. El descanso en Dios es la paz que sobrepasa todo entendimiento. Es la confianza de que, aunque las circunstancias griten lo contrario, Dios está en control de la situación. Es dejar de luchar para tratar de ganar Su amor, gracia y misericordia.
El autor de la carta a los Hebreos por medio de este pasaje bíblico, recuerda a todos los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo, justamente esta promesa hecha por el eterno Creador cientos de años antes de que su amado Hijo viniese a este mundo, a entregar su vida como rescate por los pecados de toda la humanidad. Dios tras rescatar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, les prometió que los llevaría a su descanso, esa promesa todavía no se ha cumplido, pero se cumplirá en el tiempo establecido por Él.
El hecho de que esta promesa no se haya cumplido, no significa que Dios se haya olvidado de su promesa hecha a sus escogidos, más bien sigue vigente, y en él momento menos esperado, llevará a todos sus hijos a ese descanso prometido, lleno de paz y completa calma. Las promesas de Dios nunca caducan, son perpetuas y aplicables para todas las generaciones que crean y confíen en Él de todo corazón. Sin embargo, hay una advertencia solemne: sus hijos deben temblar de miedo ante la idea de que alguno de los que hayan aceptado el sacrificio de su amado Hijo no llegue a alcanzarlo. Porque el descanso de Dios no se obtiene por obras humanas, herencias familiares, tradiciones culturales de los pueblos o religiosidad, sino por una fe genuina en la obra redentora de Jesucristo.
Los israelitas pese a recibir la promesa de descanso, no entraron en el descanso prometido, más bien recibieron la disciplina de Dios. Porque ellos no creyeron en su promesa y fueron rebeldes. Su incredulidad los llevó a la desobediencia, y su desobediencia los mantuvo afuera de la verdadera paz que les prometió su Libertador. La Palabra de Dios les llegó, pero no halló raíz en corazones dispuestos a confiar. Hoy, el mismo evangelio resuena en los oídos de toda la humanidad y en especial en el odio de los creyentes. La misma promesa de entrar en el descanso de Dios es prometida a toda la humanidad. Pero, como recibe la humanidad esta promesa ¿Con fe que actúa, que se rinde, que descansa en la fidelidad de Dios? ¿O con un corazón endurecido, lleno de dudas, que busca controlar todo por sí mismo?. La respuesta mas frecuente es la segunda. La humanidad desprecia la promesa de Dios y prefiere vivir bajo los placeres de este mundo.
Queridos hermanos. El descanso espiritual de Dios no es inactividad, sino plenitud de propósito; no es ausencia de lucha, sino presencia de paz en medio de ella; no es evasión de responsabilidades, sino armonía con la voluntad divina. Por eso el anhelo de Dios es que toda la humanidad pueda entrar en su descanso, pero la humanidad no está dispuesta a entrar en el descanso divino
